lunes, 14 de diciembre de 2015

El motero que luchó por cambiar una ley para salvar los hórreos


Eduardo Lagar Simón, el andaluz que le vendió a "Matilde" se echó a llorar cuando se desprendía de aquella Harley Davidson Road King de 1.580 centímetros cúbicos y 400 kilos de peso. Una moto como una vaca. Habían pasado muchos años juntos, rodando, pero la crisis de la construcción lo tenía varios meses sin cobrar, se había divorciado, debía pasar la pensión a los hijos y necesitaba "cash". Pero ya. "Matilde" cambió de manos y el camionero candasín Víctor Manuel Álvarez pasó a ennoviarse con ella. Despacín, muy despacín, disfrutando del sonido inimitable de una Harley, la primera y soñada moto de su vida, se lanzó a recorrer las carreteras asturianas. Iba fijándose en esos graneros de madera sobre pegollos. Así se le ocurrió la "operación Hórreo". Así un hombre solo provocó el cambio de una norma que hipoteca la conservación de un gran símbolo astur. La Consejería de Educación y Cultura ha anunciado que el próximo mes convocará una comisión de expertos para estudiar algunas de las propuestas del motero candasín para revitalizar los hórreos y paneras de la región.

 Víctor Manuel lleva década y media trabajando en el camión. Durante un buen tiempo estuvo viajando a Austria, Francia o Alemania, transportando refractario usado, abono o leche en polvo para la factoría de Anleo, en Navia. "Si no sales fuera, no ves qué ye lo que hay. Yo salí y empecé a hacer comparaciones". Comparaba el cuidado del medio rural en España y en el resto de Europa. En especial, del patrimonio. Cuando recorría Asturias con "Matilde" se encontraba con decenas de hórreos cada día más deteriorados. Paraba, hablaba con los paisanos. Ellos le contaban la historia del hórreo y cómo se les hacía cada día más cuesta arriba conservar algo ya inservible pero que, paradójicamente, es uno de los grandes elementos diferenciadores del paisaje asturiano. Se cree que hay unos 20.000 por toda la región.

 El hórreo es Asturias, pero no vale para nada. Es un granero para almacenar las cosechas. ¿Y quién necesita un granero habiendo arcones congeladores? Están condenados a la extinción. Como mucho, se han convertido en trasteros. Por dentro y por fuera. Entre los pegollos, kilos de maquinaria agrícola achatarrada. O coches abandonados. El dueño de "Matilde" pensó que había que hacer algo para salvar este icono astur. Pensaba que el negocio de la leche da cada vez menos beneficios, así que poco dinero quedaría a los ganaderos para restaurar el hórreo de la casería, por muchos años que tuviera detrás. Además, desde 2010, a causa de la crisis, el Principado dejó de dar ayudas para la restauración. Había que hacer algo. ¿Qué?

 Víctor Manuel acudió a Change.org, la página web donde se recogen firmas ciudadanas para luego presentar a los políticos iniciativas de cambio. El motero candasín tenía claro dónde estaba la clave de la agonía de un elemento tan simbólico de Asturias: en la funcionalidad. "O evolucionamos o morimos. Simplemente. Los hórreos siempre habían evolucionado, pero hubo un momento en que llegó alguien y dijo que el hórreo no podía evolucionar más". Así que hizo su propuesta de evolución. Primero: hay que permitir un cambio de uso para que los hórreos puedan tener una utilidad. "Es absurdo que sólo se puedan construir para granero. ¿Quién va a construir hoy un granero?". Tengo un conocido que es constructor y me decía que habrá hecho unos 500 hórreos. Pues de esos quinientos, 490 se utilizan como vivienda. Pero son todas ilegales". La normativa, una sobreprotección jurídica, los obliga a permanecer congelados en el tiempo como graneros. La ley de Patrimonio advierte que no pueden tener usos que "menoscaben su valor cultural". Su uso como biblioteca, como estudio, como vivienda de fin de semana es, a juicio de Víctor, una de las alternativas que revitalizarían la utilización y, por tanto, la recuperación de hórreos y paneras. Eso sí, siempre limitando los cambios al interior y preservando la estética exterior. Como mucho, permitir canalones y ventanas. Además, la propuesta de Víctor Manuel desvincula el hórreo de la vivienda, indisolublemente unidos por la legislación actual. "Si tú vives en un piso y quieres tener un hórreo, según la actual ley tienes que comprarte una casa. Pero al desvincular los hórreos de la vivienda, si una persona tiene una finca en propiedad o alquiler esto sería suficiente para poder instalarse un hórreo. De esta manera dejaríamos de ver cajas de camión o roulottes viejas desluciendo el entorno de muchos sitios donde no se permite construir". ¿Y por qué no promover alojamientos turísticos en hórreos?, se pregunta. "Imagina que vienes del extranjero en moto a Asturias y paras a dormir en un hórreo, eso ye la esencia pura". Hay especialistas que retuercen el gesto cuando se les habla de desvincular la casa del hórreo: temen una proliferación costera de cabañas disfrazadas de hórreos. Y una cosa más. Algunos expertos dudan también de que los hórreos, tal y como están diseñados, puedan adaptarse para cumplir con las exigencias del código de la edificación en cuanto a seguridad en caso de incendio, aislamiento térmico o protección contra el ruido. Bien es verdad que, realmente, no son construcciones. Son bienes muebles, hechos para ser montados y desmontados, trasladados.

 Pero esa propuesta de Víctor Manuel Álvarez no sería aplicable a todos los hórreos de Asturias. "Tan sólo a los que tienen menos de 50 años". Porque él, como trabajo previo, propone elaborar un catálogo de graneros que por su valor histórico –aquellos datados entre el siglo XVI y el siglo XIX– haya que preservar de manera especial. "Estos deberían recibir el máximo respeto y amparo por parte de la Administración para su mantenimiento", indica. El Principado se encargaría de su restauración integral dado su interés etnográfico. Eso sí, el dueño estaría obligado a mostrarlo a quien tenga interés por verlo. Visitas escolares, turísticas, etcétera? Víctor también redondea su plan con un método para financiar la conservación y rehabilitación de esas joyas de madera. Sería el llamado "el canon del hórreo". Es decir, los propietarios de los nuevos graneros, que ya podrían utilizar legalmente el hórreo como habitación, estudio o biblioteca, tendrían que pagar un canon para promover la conservación de aquellas piezas de alto valor etnográfico que estén protegidas por el Principado.

 La propuesta, que Víctor Manuel colgó el 25 de octubre pasado en la red, encontró un inesperado eco en Change.org. Ha recogido casi 2.500 firmas de apoyo. "Algunas llegaban de Beirut y hasta de Australia", apunta este camionero candasín. Recibió más apoyos de los esperados, pero no se quedó ahí. Con la Harley se fue a la Junta, siempre con "Matilde", a reunirse con los grupos políticos. Encontró eco en Izquierda Unida y, a través de la diputada Concha Masa, hizo llegar la propuesta al consejero de Educación y Cultura. La sorpresa llegó con la respuesta escrita de Genaro Alonso, que anunciaba la creación el próximo mes de enero de una comisión de expertos para "adaptar la situación legal a la situación actual", acabar con la "protección genérica indiscriminada" y proteger los hórreos según su antigüedad, representación, estilo, decoración y ubicación.

 En realidad, no es ninguna novedad. El Principado, durante el Gobierno de Foro, ya se había planteado esa revisión del marco legal de hórreos y paneras. Fue una propuesta hecha por Juaco López, uno de los grandes expertos de Asturias en estos graneros, cuando ocupó la Dirección General de Patrimonio. López, actual director del Museo del Pueblo de Asturias, tiene claro que "conservar es seleccionar, primar unas cosas sobre otras". Y que los hórreos, los de nueva construcción, han de evolucionar. ¿Por qué no poder colocar un velux o un ­canalón?

 Crowdfunding sobre pegollos

 Hay hórreos muy hipsters, pero están en Galicia. En concreto, en Carboeiro, a seis kilómetros de Ribadeo. El estudio madrileño de arquitectura Nacho Gias ha puesto en marcha junto a la Factoría Cultural Matadero el proyecto "Walk & Hórreo". Su objetivo es "revitalizar el patrimonio inmaterial del norte de España". Una de sus primeras acciones es el lanzamiento de una campaña de financiación popular a través de la red (crowdfunding) que lleva por título "Dormir en un hórreo para conservarlo". Quienes aporten dinero para la rehabilitación de este ­hórreo gallego "accederán a recompensas como pasar la noche en el hórreo, rutas de senderismo guiadas, masajes reiki o descenso en kayak". Este estudio de arquitectura –que ya ha rediseñado el hórreo, con un proyecto que incluye una de sus fachadas totalmente de cristal y convirtiéndolo en un dormitorio minimalista– pide a sus financiadores que les ayuden a convertir el granero "en un lugar de descanso para peregrinos" del Camino de Santiago. En realidad, su propuesta es recuperar la funcionalidad de los hórreos convirtiéndolos en albergues para peregrinos de la ruta jacobea. Necesitan al menos 8.500 euros para rehabilitarlo (también tienen un proyecto de 12.000) y, de momento, ya han obtenido 3.751 euros de sus donantes. A partir de 60 euros de donativo, los que hagan sus aportaciones ya tendrán derecho a pasar una noche en el hórreo que rediseñará el estudio de arquitectos de Gias.

 El paraíso de Ramón de Pacha

 "Viva mi dueño", dice la inscripción tallada junto a la llave de la panera de Ramón Alonso González, "Ramón de Pacha". Esta panera, ante la que posó para este reportaje Víctor Manuel Álvarez, está primorosamente rehabilitada. Todo aquí ha sido cuidado al detalle. Este granero de seis pegollos forma parte del paraíso privado que Ramón, tenor, jubilado como profesor del Conservatorio de Gijón, y su esposa, la soprano ovetense Belén Genicio, tienen en Busto de Gozón. La casa, de piedra, con capilla incluida, completa una finca primorosa y con alguna que otra curiosidad, como el gran tonel de sidra que han cubierto por un pequeño tejado. Es una habitación refugio. De la panera cuelgan ristras de maíz, también de cebollas. Todo conforma una estampa pintoresca, aunque no tanto como la foto que Ramón tiene dentro de casa: una panera en todo su esplendor de granero, con dos camadas de maíz colgadas del pasamanos. La foto fue sacada en Bañugues. Ramón le contó a Víctor una historia de la zona que retrata el carácter del hórreo como bien mueble. Una familia había sido embargada y al día siguiente la iban a desahuciar, pero para que no perdieran el hórreo, los vecinos lo desmontaron tabla a tabla por la noche y cuando las autoridades llegaron al día siguiente sólo encontraron la tierra. Y unas lechugas plantadas en el sitio esa misma noche.

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